El Teléfono Roto

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El Teléfono Roto

Tengo un libro fantástico que os recomiendo sin reservas: The Charlatan´s Handbook de Sid Fleischman.  En la página 145 tiene un juego especialmente interesante: Card Gossip.

Más que un juego, Fleischman proporciona un marco de presentación para la baraja Brainwave. Le dice a un espectador de la primera fila que piense una carta libremente y que se la diga al oído al espectador de al lado, este hace lo propio pero con la libertad de cambiar color, palo, valor…, y así la carta sigue cambiando hasta llegar al último espectador de la fila que revela la carta que ha resultado del juego del “teléfono roto”. Así, Fleischman tiene una forma muy divertida de presentar la Brainwave.

Hace tiempo que vengo jugando con este efecto y creo que se puede extender un poco más allá (teatralmente):

El mago entra en escena y deja una baraja sobre el velador:

Voy a llevar a cabo un experimento de comunicación subliminal y, como confío (un poco) en que vaya a salir bien, he dejado una baraja sobre la mesa con una carta vuelta. No voy a volver a tocarla hasta el momento final. Pero antes, tengo que introducir las claves subliminales.

Extrae después otra baraja del bolsillo y forma un abanico con ella, después las riflea de una mano a otra y las extiende varias veces mientras recorre la primera fila de espectadores como si estuviese intentando inducirles algo.

Después se dirige al espectador de el extremo izquierdo de la primera fila y abre la baraja en abanico. Este mira una carta libremente y la recuerda. Se la dice al espectador de su derecha al oído. A partir de ahora, y hasta llegar al otro extremo de la primera fila, los espectadores pueden cambiar valor, palo, color…

Si todo ha salido bien, he inducido al caballero de la izquierda a pensar la carta correcta (al que vio una carta del abanico). El mago la adivina y disfruta de la sensación de saber que la primera parte del reto ha tenido éxito. Después farfulla:
El siguiente cambió, el palo, tu pasaste a una carta impar, tu a… y por fin pregunta al último espectador qué carta está pensando. Este la dice en voz alta y el mago revela que es la carta vuelta.
La publicidad subliminal ha tenido éxito.
Creo que es positivo introducir la primera adivinación porque en el original la primera carta pensada se pierde. Además, aquí todo el proceso tiene sentido. El mago intenta controlar una cadena de acontecimientos desde el primer eslabón al último.
No voy a dedicar mucho espacio al método. La revelación final es igual que en el original y la primera utiliza una baraja fantástica que sólo requiere un “no” para saber la carta libremente pensada.
Espero que os guste y os dejo una duda abierta:
¿Podríamos dejar sólo una carta al entrar en escena en lugar de una baraja entera?
Pd. No os perdáis el libro de Fleischman que podéis adquirir en su versión digital en: http://llepub.com/index.php?main_page=product_info&cPath=1&products_id=56

 

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Conversaciones (extremadamente) improbables

No lo iba buscando, pero cuando paseo por Málaga siempre intento cruzarme con Pablo Picasso sentado en alguna terraza mirando cómo pasan las turistas de piernas desnudas y quemadas. Cuando una camisa blanca y raida me anunció que había logrado darle caza descubrí que estaba acompañado por un sesentón barbudo embelesado con un alemán que se había quitado la camiseta y se estaba vaciando una botella de agua helada sobre el torso. Pablo me invitó a su mesa arrastrando con desgana una silla en mi dirección.

Pablo: Éste es Leonardo.

Leonardo: Hijo de Piero.

P: No digas chorradas, por ese nombre no te conoce nadie. Di Da Vinci.

L:Como gustes.

No me dejaron hablar continuando con una discusión que les había sumido en un silencio inconciliable. Voy a intentar reconstruirla tal y como me la imagino yo.

L: ¿Qué significan todas esas máscaras de tus cuadros?

P: Nada… y todo. Son lo que son. Símbolos atávicos. No necesito más. Mira el Guernica. ¿Necesitas entender algo? Seguro que no ¿Y sientes el impacto de la violencia? No lo niegues… eso es el arte. Un puñetazo en la mesa. Un golpe al subconsciente. Un moment of ashtonishment, si quieres verlo así.

L: Pero, ¿tú has visto la última cena? Tantos detalles, tanto lenguaje, mensajes, submensajes, interpretaciones, secretos, reivindicaciones, réplicas, misterios…

P: Y necesito una enciclopedia para entenderlo. Se pierde el impacto místico del encontronazo del hombre y la obra. El segundo en que miras los policromados de Altamira. El shock. No me malinterpretes; soy un gran admirador tuyo. Sin tu técnica no seríamos nada.

L: Me ruborizas pero te equivocas. El arte es un vehículo y los pasajeros lo son todo. Poca gente admira ya mi pincelada. Los secretos de mis cuadros han superado a la técnica. La han transcendido hasta convertirlos en un mundo con enormes áreas por explorar. Yo asumo que mi obra es compleja y el impacto se tiene que dividir en todas las facetas que conviven en un mismo espacio. Tampoco niego que tu obra tenga fondo. Al contrario, es un fondo carnal, humano; mas yo me decanto por algo más intelectual.

P: Yo no cuento nada. El propio espectador, en cuanto humano, ya tiene todas las herramientas en el adn para sentir lo que haga falta: Miedo, pasión, imposibilidad…

L: Eso es encomiable, pero te obliga a prescindir de los matices, las referencias, los misterios pausados que saben mejor a cada bocado. No todos los cuadros pueden ser un puñetazo en el esternón. Es algo que nadie podría soportar.

P: Tampoco podríamos vivir en un mundo tan intrincado y laberíntico en el que cada obra requiera que las células grises tengan que trabajar a todo trapo.

L: ¿Y una visión intermedia?

P: Eso mejor se lo dejamos a otros. Somos demasiado buenos en lo nuestro como para desperdiciarlo.

L: A veces eres demasiado soberbio… ¿pero eso significa que me entiendes?

P: ¡Que si te entiendo! Te admiro. Eres El Maestro. Sin ti yo no podría disfrutar de la vuelta al primitivismo. Me preocupas más que me entiendas tú.

L: Sólo te digo esto… eres el gran salto evolutivo. Pero dejemos de acariciarnos como si fuésemos de terciopelo.

P: ¿Y tu crees que alguien hablará de nosotros cuando hayamos muerto?

(Ambos se rien).

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McMenú gigante

Hay una idea que lleva mucho tiempo rondándome y creo que, poco a poco, voy siendo capaz de formular. La magia se construye a partir de muchos componentes (estructura, técnica, cobertura…) pero hay uno de ellos que me divierte especialmente: la presentación. A través de la presentación podemos conseguir que un buen efecto se afiance en la memoria o llevar a los espectadores de viaje a mundos imposibles o recuerdos perdidos.

Hay una teoría económica que propone cobrar a cada usuario lo máximo que esté dispuesto a pagar por un producto. Por eso existe el menú grande en McDonalds, porque hay gente que está dispuesta a pagar más por (casi) lo mismo. En la presentación se puede aplicar un principio similar: intentar dar a cada espectador lo que quiere.
Tenemos un efecto y una idea de presentación (creo que la presentación debería formar parte del proceso creativo desde el principio). Ahora se nos abre un abanico de posibilidades para decidir exactamente qué queremos decir. Si sólo tuviésemos un espectador y, además, lo conociésemos bien, podríamos adaptar la charla a sus inquietudes, intereses, nivel cultural… pero normalmente contamos con un espectro variado de espectadores, cada uno “de su padre y de su madre.” Esto hace que una charla muy simple pueda ser banal para un tipo de público y otra demasiado profunda, aburrida para otros.

Nos encontramos con que, siguiendo un criterio que los economistas llevan utilizando (para sacarnos todo lo posible) desde hace años, deberíamos buscar el modo de que un espectador pudiera ver un Happy Meal, otro un McMenú normal y otro, más exigente y McMenú Gigante con postre. Esto es posible si intentamos trabajar la presentación por capas.
Tenemos que contar con una buena capa base (un efecto potente y una premisa atractiva) que pueda interesar a todos los presentes. Esto es fundamental, los cimientos, el núcleo, la conditio sine qua non… sin un buen efecto, con su gancho emocional correspondiente, no tenemos nada.
Después llega la parte divertida: añadir capas. Podemos acumular pequeñas referencias, conceptos o ideas que resulten interesantes para espectadores que busquen una experiencia un poco más completa en la magia e, incluso, capas superiores en las que decidamos añadir referencias que requieran algún tipo de especialización por parte de los espectadores. Guiños internos que ayuden a que algunas personas se sientan más identificadas por tratar detalles de forma específica. Si hablamos de historia, podemos hacer referencia a un personaje concreto poco conocido para el público general pero que agradecerán enormemente los espectadores que lo conozcan.

Hay una precaución fundamental que no puede olvidarse en ningún momento. Las capas superiores no pueden, jamás, oscurecer las inferiores. Es más, a medida que ascendemos en las capas, las intromisiones deben ser más pequeñas. Estos añadidos nunca pueden ser un estorbo para los espectadores a los que no les interesen. No hay nada peor que escuchar a un mago hablar durante varios minutos de algo que no nos interesa, por bueno que sea el efecto.

Es complicado desarrollar mucho más este concepto por escrito, ya que cada juego y cada mago es un mundo pero creo que abre la puerta a trabajar en presentaciones más ricas y atractivas para todos.
Espero que os divirtáis jugando con las capas.